Voy a generalizar un poco.
Si te fijas, casi todas las newsletters escritas por una persona expertísima en copywriting hacen lo mismo.
¿Te has dado cuenta?
Te dicen algo así, de golpe, ¡pam! Y luego te hacen una pregunta. De ese modo te intentan meter en la conversación de lleno. Al fin y al cabo, te están hablando a ti. Y te convencen de que te están contando algo que te interesa.
Y luego, escriben así.
Separadito.
Como tu amigo pesado en WhatsApp.
A veces te meten un párrafo un poco más largo para apelar a las emociones, que es lo que se lleva ahora, y para fingir que hay un humano detrás de ese texto y que este correo no ha sido programado para que te llegue cuando y como tiene que llegarte.
Luego, paran otra vez.
Para que respires.
Porque eres tonto y, si no te marcan las pausas, te ahogas.
Ponen, comas, por, todos, lados, para, que, pares, de, leer, porque, si, no, te, asfixias, a, pesar, de, que, estos, correos, los, lees, con, la, mente, en, blanco, y, en, diagonal, ymiraqueyometocomaseh.
Porque para los expertos en marketing eres zote. No lo olvides nunca.
Y de repente meten negritas por si te duermes.
Y luego ya te sueltan toda la chapa sobre lo buenos que son en lo que hacen. Que han escrito otra entrada en su blog, la quinta en lo que va de día. Pero con esta gente no es tan fácil como suscribirse al blog y que te llegue un aviso de publicación, no; con esta gente te suscribes a su lista de correo para que, de forma constante, te envíen un correo diciendo lo geniales que son. Porque eso es lo que nos gusta, ¿verdad? Recibir correos de personas que no conocemos para leer cómo les encanta lo que hacen, a pesar de que hagan exactamente lo mismo que hacen los demás. Los mismos títulos, el mismo estilo, la misma estructura. Eso sí, el artículo de hoy trata sobre lo importante que es ser original.
Qué frívolo es este mundo, ¿verdad? El del marketing, digo. O, bueno, el mundo en general. Nos educan para odiarnos a nosotros mismos, para que confundamos la baja autoestima con humildad, para que no presumamos de las cosas que sabemos que hacemos bien. Por eso, cuando decidimos desprendernos de esa filosofía y optamos por querernos un poquito más, nos convertimos en unos ególatras. O nos odiamos demasiado o nos queremos demasiado, pero todo va de nosotros mismos, nunca del resto. Luego se quejan del individualismo imperante en la sociedad, eso sí.
¿Sabes por qué creo que yo no llegaba a cuajar con todo el tema de escribir en agencias? Creo que es porque, en el fondo, no quería escribir como se suponía que debía hacerlo. Que sí, que yo decía mucho de mi estilo, de diferenciarse y toda la vaina, pero eso no era lo que querían. Lo que me pedían era que consiguiera convencer a la gente de que éramos diferentes a pesar de ser iguales que el resto. Que escribiese como los demás. Que siguiese las mismas normas. Que me uniese a la fila. Querían que fuese copy, y yo soy copy creativa. Y no es lo mismo. Claro que no es lo mismo.
Uno de los trucos que me pedían que utilizase era el de pensar que escribo para un amigo, para mi madre, para mi hermano o para mi novia. Para alguien a quien quiero de verdad. Pero, dime, ¿tú serías una persona tan frívola con alguien a quien quieres de verdad?
Imagínate que escribes 7 Trucos Infalibles Para Que Tus Clientes Te Lean. Por su parte, tu madre y tu pareja se suscriben a tu lista de correo; es decir, te piden consejo, por lo que lo aceptan cuando se lo das. Y resulta que ahora sabes (o crees saber) cómo ayudarlas a conseguir que sus clientes las lean más. ¿Cómo les darías esos consejos?
¿Así?
¿A cachos?
¿Tratándolas como si fueran idiotas y fingiendo que entiendes a la perfección su problema, aunque sea mentira?
No sé, yo preferiría escucharlas.

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